Sábado, 8 de Agosto del 2026

Lupi–Paganini: dos pianos, tres obras y una vida compartida con la música

Lupi–Paganini: dos pianos, tres obras y una vida compartida con la música

El sábado 15 de agosto, a las 19, el dúo pianístico Lupi–Paganini, integrado por Beatrice Lupi y Francesco Paganini, se presentará en la Sala Rautenstrauch del Campus de Artes y Música Bariloche (CAMBA), con un programa dedicado a tres grandes obras del repertorio para dos pianos: la Sonata para dos pianos en fa menor, Op. 34b, de Johannes Brahms; el Concierto para dos pianos solos, de Igor Stravinsky; y las Danzas sinfónicas, Op. 45, de Serguéi Rachmaninov.

Formados como pianistas solistas —ella en el Conservatorio G. Verdi de Como y él en el Conservatorio G. Verdi de Milán, ambos con sendos másteres en el Conservatorio della Svizzera Italiana—, Beatrice y Francesco se especializaron después en el trabajo a dúo, entre 2022 y 2025, con el maestro Bruno Canino en la Scuola di Musica di Fiesole. Su trayectoria une la actividad concertística y pedagógica con una fuerte vinculación con Latinoamérica, donde durante varios años impulsaron proyectos de educación musical, inclusión y desarrollo comunitario.

Tres obras, tres mundos

—Estamos especializados en el repertorio para dos pianos —explica Beatrice sobre el programa que presentarán en CAMBA.

Se trata de tres obras extensas y de gran importancia dentro de ese repertorio, pertenecientes a momentos y lenguajes bien distintos.

La primera será la sonata de Brahms. "Es una obra juvenil", señala Francesco: una versión para dos pianos de una pieza que alcanzaría su versión más célebre como quinteto con piano y cuerdas. Dividida en cuatro movimientos, es una de las grandes obras del repertorio romántico para dos pianos.

Luego llegará Stravinsky con su Concierto para dos pianos solos, vinculado al período neoclásico del compositor ruso. "Es una obra bastante peculiar dentro del estilo de Stravinsky", dice Francesco.

La estructura ocupa un lugar central: "Vamos a escuchar un tema con variaciones sin escuchar el tema en sí, solo las variaciones. Y una fuga que también plantea algunas cuestiones casi geométricas", anticipa. También habrá un nocturno que evoca el universo de Chopin, pero construido desde una concepción rítmica propia del siglo XX.

El programa se completa con Danzas sinfónicas, la última obra que compuso Rachmaninov, escrita originalmente para dos pianos y orquestada después por el propio compositor.

"Es una investigación sobre la danza, donde él explora todos los timbres que permiten tanto la orquesta como, en este caso, los dos pianos", explica Francesco. Dividida en tres movimientos, la obra recorre distintos aspectos de la experiencia musical de Rachmaninov a través del lenguaje de la danza.

La elección de las tres obras responde a una búsqueda que excede la simple reunión de piezas para un mismo formato.

"Las tres son de las obras más importantes del repertorio para dos pianos", señala Francesco. "Decidimos enfrentarnos a tres obras largas, de mucho contenido musical y de mucha importancia en la historia de la música, con tres estilos totalmente distintos entre sí".

Para el dúo existe, además, un hilo conductor: la investigación sobre la forma musical.

"Hay una arquitectura musical bastante compleja y muy interesante en las tres obras, que tiene que ver con construir formas musicales y, sobre todo, con actualizarlas en el romanticismo tardío y en el siglo XX", explica Francesco.

A eso se suma la variedad de timbres y de melodías. Para Beatrice, escuchar las tres obras es como emprender "tres viajes diferentes, en imágenes, pero también en imágenes interiores".

"Los tres van investigando en la forma, pero también en la manera de expresarse típica de la época que están viviendo, y de su propia vivencia personal. Para el público eso va a ser un descubrimiento", sostiene.

Francesco encuentra otra conexión: las tres obras pueden leerse también como un recorrido por tres momentos distintos de la vida.

"La obra de Brahms es una obra juvenil; la de Stravinsky es una obra de madurez, y la de Rachmaninov cierra su propio ciclo vital. Entonces también podemos decir que es como revivir tres momentos de la vida", de cada uno de los compositores.

Aprender a tocar como uno solo y como una orquesta

El trabajo de un dúo de dos pianos implica una forma particular de construcción musical. Beatrice y Francesco empezaron a tocar juntos en serio hace aproximadamente doce años, después de haberse formado, cada uno por su lado, como pianistas solistas.

"En estos doce años crecimos como dúo, pero en los últimos años decidimos además formarnos específicamente en eso: nos anotamos en cursos de perfeccionamiento, en másteres en Italia dedicados puntualmente al dúo pianístico", cuenta Beatrice.

La especialización no se limita al repertorio. Hay una dimensión propia en la construcción del sonido y en la relación entre los dos intérpretes.

"La diferencia con tocar solo es que también hay que construir una empatía entre los dos: compartir el instrumento, compartir una obra en todo lo que hace a la construcción del sonido y del conjunto", explica Beatrice. "Es todo un trabajo aparte de la formación instrumental solista".

Francesco compara esa tarea con la de un director de orquesta.

"Es, de alguna manera, un trabajo de orquestación, lo que hace un director. Varias de las obras que vamos a interpretar tienen también una versión sinfónica, así que en el fondo el trabajo va más allá del dúo en sí".

El desafío consiste en que dos instrumentos iguales funcionen como una unidad y, al mismo tiempo, sean capaces de representar la diversidad tímbrica de una orquesta.

"Tienen que sonar como uno solo, pero a la vez no tienen que sonar como uno: tienen que sonar como todos los instrumentos de la orquesta".

Ese trabajo implica una organización musical y mental particular, y un uso distinto del instrumento.

"Es una técnica bastante distinta a la del piano solista, y obviamente requiere muchas herramientas de conjunto, de orquestación, y un uso un poco diferente del instrumento: puesto al servicio de la otra persona".

Una vida compartida también en la música

Beatrice y Francesco no solo comparten el escenario. También comparten la vida, y para ellos ambas dimensiones forman parte de una misma construcción.

"En estos doce años construimos nuestra forma de tocar en dúo, y el hecho de compartir la vida también es parte de esa construcción", explica Beatrice. "Al final, vivir juntos, tocar juntos y construir nuestra carrera musical juntos es parte de un todo".

La historia del dúo empezó casi como un juego. "Empezamos casi de casualidad", recuerda Beatrice. "Al principio fue más un juego, tocábamos juntos por diversión".

La relación con Argentina marcó un punto de inflexión: cuando se instalaron en el país empezaron a tocar juntos con más frecuencia y a construir de manera más definida su identidad como dúo.

El trabajo, además, es cotidiano. "Lo que hacemos es un trabajo diario", señala Francesco. "Somos dos pianistas distintos, no siempre tocamos juntos, pero en este momento la mayor parte del tiempo sí".

Compartir la vida facilita ese proceso porque les permite trabajar el repertorio todos los días y entenderse de manera casi inmediata.

"Nos ayudó mucho en ese sentido, porque nos permite trabajar el repertorio a diario y entendernos de forma instantánea, algo muy necesario en este tipo de música".

Encontrar un punto de encuentro

Cuando empezaron a tocar juntos, cada uno tenía sus propios intereses y su propia manera de abordar el instrumento. La construcción del dúo implicó también encontrar un punto de encuentro.

"Como pianistas, cuando nos conocimos, hacíamos cosas distintas: éramos dos pianistas muy diferentes", cuenta Francesco. "Después fue todo un trabajo encontrar un punto medio, un lugar en común".

Con el tiempo, esa búsqueda se convirtió también en una manera de compartir las decisiones artísticas.

"Viviendo juntos escuchamos y elegimos el repertorio juntos. Aprendimos a conocernos y a apreciar la música que después decidimos interpretar, aunque haya nacido del gusto original de uno solo de los dos".

Como dúo, se acercaron a compositores fundamentales del repertorio para piano a cuatro manos y para dos pianos.

"A nivel de piano a cuatro manos nos interesamos mucho en compositores como Schubert, Dvořák y Schumann", señala Francesco.

En el repertorio para dos pianos, en cambio, una de las líneas de investigación que más los atrae es la mezcla cultural.

"Interpretamos también mucha música latinoamericana, o música vinculada con Latinoamérica, en parte por nuestra propia vivencia", explica. "Nos fascina encontrar compositores que tengan una identidad cultural criolla, que mezclen distintas influencias".

Esa búsqueda forma parte de una mirada más amplia sobre la construcción de cada programa.

"Cuando armamos un repertorio buscamos que haya un hilo conductor temático. No se trata tanto de elegir cada obra por separado, sino de buscar que el concierto sea realmente un acontecimiento, que tenga un sentido".

Para Beatrice, el siglo XX es el período en el que más han profundizado su investigación, sobre todo por la cantidad y variedad de repertorio escrito para dos pianos.

"Trabajamos música de muchos compositores y de distintas épocas, pero la que más nos corresponde como intérpretes es el siglo XX. Ahí es donde más investigamos, sobre todo en el repertorio para dos pianos".

De Italia a Latinoamérica

La relación de Beatrice y Francesco con Sudamérica comenzó en Bolivia, incluso antes de que terminaran sus estudios.

"En las vacaciones de verano viajábamos a Bolivia", cuenta Beatrice. Francesco había empezado primero, y después ella se sumó al proyecto: Crecer en Música, en Cochabamba, un trabajo vinculado a un hogar para niños huérfanos y con una fuerte dimensión social.

"Era un proyecto social que tenía casi más que ver con la musicoterapia, con algo terapéutico", explica Francesco.

Beatrice completa la idea: "O con trabajar el tema de la comunidad a través de la música. Las dinámicas grupales a través de la música".

En 2015, ya terminados sus estudios, llegaron a Argentina con la intención de crear un espacio cultural. Se instalaron en Mar del Plata y durante los dos años y medio siguientes desarrollaron allí el Proyecto MIZAR.

"Armamos un espacio cultural y estuvimos ahí unos dos años y medio, haciendo eventos, trabajando con orquestas infanto-juveniles, en proyectos artísticos y, obviamente, tocando y dando conciertos", relata Francesco.

El proyecto surgió junto a un amigo clarinetista que habían conocido durante sus estudios en Suiza y que en ese momento vivía en Mar del Plata.

Más adelante volvieron a Bolivia a partir de distintas invitaciones a festivales y conciertos. Allí surgió la posibilidad de crear un conservatorio de música en Sucre.

"Nos pidieron armar un conservatorio de música en Sucre. Nos fuimos para allá y estuvimos, hasta la pandemia, trabajando en eso", recuerda Francesco, en un proyecto del que fueron responsables académicos y docentes, junto con un equipo de docentes internacionales.

Con la pandemia, la actividad pasó al formato virtual. Después de ese período regresaron a Italia, a fines de 2020, aunque el vínculo con los estudiantes y los proyectos continuó. Desde entonces residen en la Toscana, donde siguen desarrollando su actividad como docentes y concertistas.

A partir de 2023 empezaron a organizar nuevamente giras anuales por Argentina y Bolivia, que combinan conciertos, clases y masterclasses.

En esta nueva gira recorrieron distintos puntos del país, entre ellos Chivilcoy, Miramar, Río Tercero, Buenos Aires, Trevelin y El Bolsón, y continuarán por San Martín de los Andes y Villa La Angostura antes de llegar a Bariloche.

Un puente entre dos orillas

La relación con Latinoamérica dejó una marca profunda en ambos. Para Francesco, uno de los motivos que más los atrajo fue la vitalidad de los proyectos pedagógicos y musicales de la región.

"Cuando vinimos a vivir a Latinoamérica, lo que nos atrajo fue el fermento pedagógico que había, todas las posibilidades que se abrían".

A su entender, la formación musical europea, sobre todo en el ámbito de la música clásica, atraviesa una etapa distinta.

"Se academizó. Acá, en cambio, hay una vitalidad muy interesante, incluso en la música académica, que nos llamó mucho la atención".

También destaca el papel social de la música.

"La música es un instrumento real de cohesión social, y eso nos pareció muy interesante".

Esa posibilidad de crear proyectos y sostenerlos en el tiempo, aun en contextos de inestabilidad, fue una de las razones que los mantuvo vinculados con la región.

"Nos gusta mucho poder compartir a través de la música con personas, con realidades y con instituciones de lugares distintos".

Después de haber vivido varios años en Argentina y Bolivia, volver a Sudamérica tiene para ellos un significado especial.

"Volver a Bolivia, volver a Argentina, es un poco como volver a una segunda casa, a una tercera casa: vivimos acá buena parte de nuestra vida adulta".

La experiencia los coloca, según Francesco, "entre los dos lados del charco".

Ese intercambio no se limita a los conciertos: también tiene una dimensión pedagógica y social.

"Nos gusta mucho compartir con el público, hablar, explicar un poco, poder vivir realmente un momento en común".

Y esa práctica no queda restringida a Latinoamérica: también la llevan a sus conciertos en Europa.

"Es algo que hacemos acá y que hacemos también en Europa, porque hace mucha falta vivir esos momentos sociales allá también".

Para ellos, cada gira implica un intercambio en ambas direcciones.

"Es importante poder venir cada año, conocer realidades, aportar lo que podemos y llevarnos muchas cosas. También desde lo pedagógico: observar un fermento muy interesante y volver con nuevas ideas. Para nosotros es realmente un intercambio".

Beatrice destaca, además, que con cada viaje se amplía la red de vínculos construidos a lo largo de los años.

"Cada año conocemos nuevas realidades, nuevos lugares donde dar clases o conciertos, o las dos cosas, pero hay muchos lugares a los que volvemos todos los años".

El objetivo no es realizar una actividad aislada, sino construir relaciones sostenidas en el tiempo.

"No nos gusta llegar, dar unas clases y no vernos nunca más. Cada año volvemos y nos encontramos con amigos, con personas queridas, y compartimos esos momentos con ellos".

"Lo que más nos gusta de volver es eso: poder construir algo que sobreviva en el tiempo, que se vaya construyendo año tras año".

Entre la física y la música

Francesco, además de pianista, es graduado en Física por la Università Statale de Milán. Esa doble formación le permite encontrar numerosos puntos de contacto entre ambos campos.

"Hay muchas relaciones entre el mundo de la ciencia y el mundo musical", afirma.

Una de ellas tiene que ver con la idea de creatividad. Según explica, existe la percepción extendida de que la ciencia es necesariamente exacta y no requiere intuición ni creatividad.

"Pero el mundo de la ciencia, de la física, y en especial de la matemática, tiene un componente artístico muy importante".

La música, por su parte, suele ser vista como un territorio menos estructurado, dominado sobre todo por la inspiración.

"También se cree que el mundo musical es algo mucho menos estudiado, mucho menos riguroso. Obviamente hay inspiración, hay algo artístico, pero también hay mucho de construcción, de investigación, que tiene que ver con la investigación científica".

Esa relación puede encontrarse incluso en las obras que interpretarán en el CAMBA.

"Las obras que vamos a tocar tienen eso. La forma en que los compositores manejan el material musical a veces es muy científica, como en el caso de Stravinsky, por ejemplo".

Francesco también encuentra esa cercanía en su propia experiencia: muchos de sus compañeros de universidad tocaban algún instrumento, y entre quienes estudian música también es frecuente encontrar personas vinculadas con la ciencia.

"En realidad son dos mundos mucho más cercanos de lo que parece".

Beatrice resume esa relación con una referencia histórica: "No es casualidad que los griegos entendieran a la música justo al lado de la matemática".

Volver al Campus

La presentación en el CAMBA tendrá para el dúo un componente especial: será su cuarta actuación en el Campus de Artes y Música Bariloche.

"Es un lugar que queremos mucho", afirma Francesco, que recuerda una primera presentación en el Campus en 2017 y las actuaciones posteriores, desde 2023.

El vínculo con el lugar no se limita a la experiencia de tocar ahí.

"Está en un lugar hermoso, y eso, más allá de lo que significa para nosotros tocar ahí, es muy lindo también para el público".

Francesco vuelve a encontrar aquí una conexión entre música y naturaleza: "La música y la naturaleza hablan un lenguaje compartido".

Para Beatrice, el público del Campus es también parte de ese vínculo.

"Cada vez que tocamos ahí nos encontramos con un público muy cálido, muy curioso".

La relación continúa incluso después de los conciertos.

"La gente siempre se queda charlando después, o en algún corte que se hace, y es muy lindo. El público de esos lugares tiene muy buena energía".

El concierto del 15 de agosto será un desafío para el dúo, tanto por la complejidad del repertorio como por su duración.

"Va a ser un concierto bastante desafiante para nosotros, por la complejidad, por la duración, por todo eso", reconoce Francesco, aunque confía en que la experiencia resulte disfrutable para quienes se acerquen a escucharlos.

Para Beatrice hay, además, una razón especial para estar contentos con esta presentación.

"Es la primera vez que tocamos este repertorio completo como concierto. Lo tocamos antes en ámbitos académicos, en algunos exámenes. Esta es la primera vez que realmente podemos decir que es un concierto de verdad, puro, con este repertorio".

Y agrega: "Estamos muy contentos de que sea acá, en este lugar".

 

Enlace a entrevista La Antesala del CAMBA

 

GIRA REGIONAL:

San Martin de los Andes
11 de agosto 20:30 hs
Centro Cultural Cotesma
Piano a cuatro manos


Villa la Angostura
13 de agosto 20:30 hs
Centro de Congresos y Convenciones Arrayanes
Piano a cuatro manos

 

Bariloche
15 de agosto 19 hs
Sala Rauntestrauch, del Campus de Artes y Música Bariloche
Piano a cuatro manos