Rossini a doce voces: una misa singular y un coro de solistas
Conversamos con Camilo Santostefano, director de 12 de Cámara – Coro de Solistas, sobre los desafíos de la interpretación, su trayectoria y el espíritu colectivo que distingue a la tradición coral argentina.
El sábado 31 de octubre, a las 20, la Sala Rautenstrauch del Campus de Artes y Música Bariloche (CAMBA) será escenario de la Petite Messe Solennelle —Pequeña Misa Solemne—, de Gioachino Rossini. La interpretará 12 de Cámara – Coro de Solistas, agrupación cordobesa integrada por cantantes profesionales, con Andrea Mellia al piano y Fabricio Rovasio en armonio, bajo la dirección de Camilo Santostefano. La obra dura aproximadamente 80 minutos. En La Antesala, Santostefano cuenta qué escucharemos y por qué esta misa representa un desafío tan especial.
Un compositor aclamado, un retiro y unos “pecados de vejez”
Rossini (1792-1868), autor de El barbero de Sevilla, tiene, según Santostefano, una particularidad poco frecuente: “es uno de los escasos grandes compositores de la historia que nosotros conocemos, que durante su vida fue igual de famoso que lo fue después”. Su éxito fue absoluto: “sus óperas se hacían en toda Europa, todo el tiempo”. Llegó un momento en que “dejó de escribir óperas, porque estaba sobrepasado por todo el nivel de actividad, y se retiró a vivir en Francia”.
Allí, su actividad musical pasó a desarrollarse entre un grupo selecto de amigos, músicos y personalidades del arte y la cultura local, que se reunían una vez por semana en su casa para tomar el té y conversar sobre arte. Escribía entonces pequeñas piezas que solía llamar “sus pecados de vejez”: música de alguien que hace lo que tiene ganas de hacer.
Una misa que no es pequeña, ni misa, ni solemne
En ese contexto nació, en 1863, la obra que interpretará el conjunto. Representa una faceta menos conocida del compositor: la de quien, tras alcanzar una enorme fama operística, escribió una obra de gran profundidad espiritual. Sobre el título, Santostefano comparte una broma habitual entre músicos: “no es ni pequeña, ni es misa, ni es solemne”.
Rossini la escribió para un grupo reducido de voces y, según explica Santostefano, “la compuso para doce cantantes, que eran habitués de estas reuniones que él hacía en su casa”, con piano y armonio. También indicó que los cantantes debían hacerse cargo de las partes solistas. El armonio aporta “esa sonoridad de órgano litúrgico”, propia de la música pensada para la iglesia.
Pero la obra tiene otra cara. Según Santostefano, Rossini “está trabajando como si fuera una pequeña ópera en el sentido del ritmo escénico: la alternancia entre los números corales, los solos, los conjuntos, los concertatos...”. Así, aunque sea sacra por su texto y su contexto, “es, a su vez, una gran obra de concierto, de mucho lucimiento, y de un ritmo escénico realmente muy entretenido”.
La versión original no fue la última. Años después de estrenarla con esos doce cantantes, Rossini agregó un segundo piano para un coro más grande y luego, cuenta Santostefano, “la orquestó para una gran cantidad de instrumentos, para que lo cante un coro todavía más grande”. Así, dice, “se fue redimensionando la obra”.
Por qué elegirla: la belleza, el color original y un desafío
Para el director, la primera razón es simple: “la obra, primero, merece ser interpretada por su propia belleza, eso es siempre razón y motivo suficiente”. A eso se suma la decisión de “devolverle un poco el sentido original de ser cantado con doce cantantes”, algo que considera “muy poco habitual en estos días”. Se trata de una obra icónica del repertorio, habitualmente abordada por grupos profesionales bastante más numerosos. Como señala, no es común encontrar elencos profesionales de doce integrantes: lo habitual son grupos de cámara de veinte a treinta personas y coros polifónicos de sesenta o setenta voces.
Hay, además, una coincidencia que a Santostefano le resulta atractiva: tanto en la época de Rossini como ahora, la obra reúne a doce personas. También cuenta la naturaleza del grupo. “Me gusta ponerles desafíos”, dice sobre sus cantantes. Su programa anterior fue íntegramente a capela, con música de los siglos XIX, XX y XXI. También interpretaron a Johann Sebastian Bach con una orquesta de música barroca y, antes, música contemporánea con una puesta en escena que incluía danza. Esta será su primera propuesta dedicada al siglo XIX. “Me gusta pensar en la ductilidad de un grupo que pueda abordar todo ese tipo de repertorio”, explica.
Esta versión para doce voces es poco habitual en el país. “Es rarísimo acá en la Argentina”, dice Santostefano, y agrega: “No sé si se ha hecho alguna vez con doce cantantes”.
Un maratón vocal e instrumental
La mayor dificultad, según el director, es técnica: “es la regulación. Es como una especie de maratón donde tenés que dosificar muy bien el nivel de entrega que tenés en cada momento, porque donde te pasás lo pagás después”. La obra incluye números muy exigentes por su extensión, complejidad y registro, seguidos por otros igual o más demandantes. Santostefano la define como “un tour de force, es una prueba de fuerza”.
Para dimensionarlo, recuerda su experiencia al frente del Coro Polifónico de Córdoba: “son sesenta y cuatro cantando. Quiere decir que donde acá nosotros tenemos tres bajos, ahí hay dieciséis”. Además, en las versiones con coro numeroso, quienes cantan las partes solistas se dedican solo a ellas. En este caso, es distinto: “acá nadie tiene respiro, ni cantantes ni instrumentistas". Después de “una fuga muy compleja, que lleva un desgaste físico muy grande”, llega una parte solista, luego un dúo y enseguida otra fuga. Por eso, concluye, la obra requiere “doce cantantes muy particulares y dos extraordinarios tecladistas en el piano y el armonio”.
Un coro de solistas
Creado en 2024 y dirigido por Santostefano, 12 de Cámara reúne a destacados cantantes profesionales del medio cordobés, que “trabajan en diferentes elencos estables aquí en Córdoba de la provincia y de la ciudad” y también suelen actuar como solistas. El grupo se formó, dice el director, “por el gusto de hacer músicas o fuera de lo habitual, o músicas habituales fuera del formato habitual”.
La agrupación está integrada por tres voces de cada cuerda —sopranos, altos, tenores y bajos—. En esta obra la acompañan una pianista y un organista que tocará, aclara Santostefano, “en un teclado con sonido de armonio porque no disponemos del instrumento cuando viajemos”. Y, destaca, que ambos pianistas son músicos sobresalientes, que integran los elencos estables de la provincia de Córdoba.
Esta versión tiene una particularidad: “los doce cantantes van a cantar partes solísticas durante toda la obra en diferentes momentos”. Eso, para el director, “es un lujo” y explica el rasgo que define a la agrupación: “me gusta decir que es un coro de solistas, porque en algún punto es como una contradicción en sí misma, y nos gusta esa ambivalencia”. La idea también se refleja en escena. Sobre el vestuario, cuenta que “siempre hay un concepto de gama de colores o lo que sea, pero luego cada uno se viste en su particularidad”. En sus palabras, “hay algo de lo individual y lo colectivo que nos gusta hacer convivir en una saludable tensión”.
Desde su creación, 12 de Cámara desarrolla una intensa actividad en Córdoba y otras provincias. Entre sus proyectos figuran el estreno latinoamericano de The Sacred Veil, de Eric Whitacre; Oriente en Occidente, con obras de los siglos XX y XXI; y el espectáculo escénico L E V E, junto a la Compañía Danza Viva, que recibió tres nominaciones a los Premios Provinciales de Córdoba SIRIPO. En 2026 publicó su primer álbum, Jesu meine Freude, de J. S. Bach, para el sello Pulso 70. Con el apoyo de la Fundación Williams, el coro realiza una gira con la Pequeña Misa Solemne que incluye presentaciones en el Camping Musical Bariloche y en la Estancia Jesuítica de Jesús María.
Los inicios de Camilo: del conservatorio al coro
Santostefano tiene 50 años y cuenta que “a los nueve años empecé a estudiar música”. Con humor, lo resume así: “Hace 41 años que estoy dando vueltas con las mismas cuestiones, con las mismas 12 notas y algunos ritmos”. Empezó con la guitarra y, al terminar el secundario, se inscribió en el conservatorio Alberto Ginastera, de Morón, para estudiar guitarra y canto. El coro no estaba entre sus planes: reconoce que “no tenía una vida vinculada a lo coral”. Fue un compañero de canto quien lo invitó: “¿por qué no te venís al coro?”.
Al frente del coro estaba Roberto Saccente, de quien admite: “no tenía idea de quién era el tipo, pero por mi ignorancia”. Hoy lo describe como “una de las máximas personalidades de la música coral, no sólo de nuestro país” y como “un tipo excepcional desde todo punto de vista”. Cuenta que dirige hace más de 70 años, que creó el Coral Femenino de San Justo —uno de los coros argentinos más premiados nacional e internacionalmente— y el Coro Polifónico Nacional, que dirigió durante 25 años. También impulsó la carrera de dirección coral en la provincia: “un currículum infernal”.
El primer encuentro alcanzó para definirlo todo: “me fui del primer ensayo convencido de que lo mío pasaba a ser, a partir de ese día, la música coral”. Lo recuerda como “un amor a primera vista de la música coral”, el de “ser parte del fenómeno acústico del canto colectivo, que es una sensación muy particular”. Estudió también composición, pero la música coral, dice, le fue ocupando cada vez más lugar.
Cuando decidió estudiar dirección coral, buscó a un maestro que reuniera todo lo que quería para sí: “yo quiero estudiar con este tipo que dirige orquesta, que hace ópera, que dirige coros, que es compositor”. Ese maestro fue Antonio Russo, a quien reconoce como “el maestro de los maestros de nuestra música coral” y define como “formador de formadores, literalmente”. Habla de “la gran suerte de estudiar con uno de los grandes maestros que hemos tenido” y de haberse cruzado con “gente que te motiva sin límites”, algo que, afirma, “hace que uno se enamore perdidamente de lo que hace”.
De Buenos Aires se trasladó con su familia a Europa, donde vivió cuatro años y dirigió varios coros. Luego concursó para dirigir el Coro Polifónico de Córdoba. Hace unos meses ganó por concurso la dirección del Coro Polifónico de Santa Fe para el período 2027-2029, por lo que viajará entre Santa Fe y Córdoba. Continuará, además, con una orquesta juvenil, su trabajo en el Colegio Domingo Zípoli y en la Universidad Provincial de Córdoba y, desde luego, con 12 de Cámara, “mi actual firma musical aquí en la provincia, sin lugar a dudas”.
El coro en la Argentina: el espíritu de lo colectivo
Cuando le preguntamos si existe una identidad en la música coral argentina, Santostefano responde con una idea que atraviesa toda la charla: “el coro en Argentina representa un poco ese espíritu, el espíritu de lo colectivo por sobre lo individual”. Para él, “hay una actitud de coro que tiene que ver con ser parte de un equipo”.
Lo ejemplifica con la pandemia, que lo encontró viviendo en Austria. Recuerda que, en la Argentina, apenas un mes después de la parálisis inicial, coros, directores, directoras e integrantes ya organizaban “encuentros colectivos con los cuadraditos” —las pantallas de las reuniones virtuales—, grababan cada uno su voz y armaban videos con los recursos disponibles. Lo hacían porque “había una cuestión de seguir encontrándose para cantar y para sostener el fenómeno colectivo de lo que implica un coro”. En Austria, cuenta, la actividad se detuvo sin más, algo que atribuye a que allí no existía “ese nivel de priorizar lo colectivo”.
Ese espíritu se ve también en la comunidad de directores. Señala cómo creció la red desde que se fundó la Asociación de Directores de Coro: “estamos muy comunicados y muy vinculados a nivel nacional”, al punto de que entre el 75 y el 80 % de los directores y directoras están “a un WhatsApp de distancia”. “Y eso es una red que tiene un valor impresionante”, dice.
Otro rasgo es el sonido. “Sí creo que tenemos un sonido bastante característico”, afirma, y lo vincula con la historia de la inmigración. Italianos y españoles fundaron asociaciones, teatros y organismos musicales, y con ellos llegó no solo un repertorio, sino también un sonido: el de la escuela italiana del canto, la forma de emisión del canto latino. A la vez, llegaron maestros alemanes, algunos de ellos judíos que huían del nazismo. Entre estos maestros alemanes se encontraron personalidades como Herbert Diehl, fundador de la escuela de Niños Cantores que hoy conocemos como el Colegio Zípoli, donde Santostefano trabaja, y Guillermo Graetzer, quien creó el Collegium Musicum e impulsó la exploración de la música antigua y las metodologías Orff y Kodály.
De esa “mezcla” surge, según Santostefano, un alto nivel de formación, un compromiso discursivo y coros que suenan siempre grandes. “Hay algo de esa vocalidad que está puesta del repertorio lírico, del repertorio de la zarzuela, que todo eso está en nuestro gen, mezclado con la escolaridad rigurosa de los alemanes”. De ahí también, dice, que sus doce cantantes “se la bancan siendo 12 porque son de acá”. Las tensiones identitarias que esa “mezcolanza” puede generar, concluye, “en este caso creo que nos potencia muchísimo”. La convivencia entre lo individual y lo colectivo que defiende en 12 de Cámara reaparece así, a escala nacional, en su mirada sobre el coro argentino.
La invitación
Santostefano invita al público a escuchar “una obra excepcional donde la maestría de Rossini para hacer de una obra profundamente sacra, una pieza completamente entretenida que tiene tanto que ver con lo litúrgico como con lo profano, lo teatral, con la ópera y con lo dramático”. La propuesta incluye también a quienes la interpretan: “este dream team de cantantes e instrumentistas puestos al servicio de una obra magistal”.
La cita es el sábado 31 de octubre, a las 20, en la Sala Rautenstrauch del CAMBA, donde la obra podrá escucharse en la intimidad acústica de la sala.
Más información www.camba.musica.ar
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Sobre 12 de Cámara
Integrantes:
Sopranos: Agustina Morcos Porras, Ayelén Regalado, María de los Ángeles Triay.
Contraltos: Emilia González Zanotti, Gioia Falco, Iris Loza.
Tenores: Daniel Asrin, Exequiel Ibarra, Santiago Brusco.
Bajos: Ángel Carranza, Humberto Savid, Luciano Castillo.
Piano: Andrea Mellia
Armonio: Fabricio Rovasio
Dirección: Camilo Santostefano
www.12decamara.com.ar
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Sobre Camilo Santostefano
Director argentino, Licenciado en Artes Musicales – Dirección Coral por la Universidad Nacional de las Artes y Máster en Dirección Musical por la Universidad de Almería, España. Es fundador y director de 12 de Cámara, además de otras agrupaciones y proyectos musicales. Fue director del Coro Polifónico de Córdoba entre 2022 y 2025 y ha sido invitado a dirigir importantes agrupaciones corales y orquestales de Argentina y otros países. Entre sus distinciones se encuentran el Premio Konex 2019 en Dirección Coral, el Grand Prix Florilège Vocal de Tours (Francia), el Grand Prix Ave Verum (Austria) y el reconocimiento IFCM Ambassador (Corea del Sur). Realiza una activa labor docente, participa como jurado en concursos corales nacionales e internacionales y recientemente obtuvo por concurso abierto el cargo de Director del Coro Polifónico de Santa Fe para el período 2027-2029.