Domingo, 25 de Octubre del 2026

La Peligrosa: un ensayo sobre el acompañamiento

La Peligrosa: un ensayo sobre el acompañamiento

Brújula Teatro llega a la Sala Rautenstrauch con una obra sobre la amistad, la memoria y la despedida, en la que las actrices operan las luces y la escenografía a la vista del público. Conversamos en La Antesala con Aravinda Juárez y Cecilia Planas.

El viernes 6 de noviembre a las 21 h, la Sala Rautenstrauch del CAMBA recibe La Peligrosa, con Virginia Salamida y Cecilia Planas en escena, dramaturgia de Aravinda Juárez y dirección de Aravinda y Kevin Orellanes. Son 45 minutos con dos amigas, Julieta y Clara, que se reúnen para hacerse una última sesión de fotos. Hablamos con Aravinda y con Cecilia.

¿Con qué nos vamos a encontrar en esta obra?

Para Aravinda, La Peligrosa es “un ensayo sobre el acompañamiento y la amistad”. Lo cuenta a través de un dispositivo que evoca un estudio fotográfico y que tiene una singularidad: las actrices operan todo lo que sucede en escena, tanto los cambios escenográficos como los lumínicos.

Cecilia lo ve desde el lugar del espectador: “Si fuera espectadora, lo primero que me llamaría la atención es el dispositivo escénico, cómo está armado”. Lo considera un gran logro del proceso, un ensayo paralelo al de la obra y su texto, para construir “esa coreografía dinámica del movimiento de las luces que operamos todo el tiempo en escena”. Al comienzo, agrega, quiénes son los personajes y qué está pasando es una incógnita que se va revelando escena a escena.

¿Cómo nace La Peligrosa?

Fue un camino largo, de unos tres años. Cecilia cuenta que empezó con Virginia, con un deseo pero sin una idea de hacia dónde ir, y que por eso convocaron a Aravinda para dirigir. Aravinda terminó siendo también la dramaturga, “la que le dio sentido, hilando nuestros deseos”. El proceso se alargó porque las actrices tienen otras ocupaciones además del teatro, y porque el texto y la escena se fueron construyendo en un ida y vuelta.

Aravinda lo ubica en la lógica del teatro independiente: lo primero que convoca es “un deseo de vincularse escénicamente y estéticamente con personas que sentimos afines”, con las que se pueden imaginar mundos para poner en escena. Cada una aportó lo suyo. Virginia, que además es fotógrafa y productora audiovisual, llegó con imágenes muy fotográficas. De ahí el estudio donde transcurre la obra y, a partir de ese ensayo fotográfico, un ensayo de memoria entre las dos amigas.

La foto determina algo. ¿Qué se busca fijar aquí?

Cecilia responde que no es solo fijar. Está “eso que se escurre entre los dedos”, que tiene que ver con el tiempo, pero también la posibilidad de “atraparlo y también lanzarlo”, como un imaginario de futuros que tal vez no existan.

Aravinda suma el deseo de las protagonistas de documentar su vínculo, de tener una prueba de que existieron y de que esa amistad se sostuvo. Son dos amigas que se reencuentran después de muchos años y que desconocen parte de lo vivido por la otra. Esos hechos aparecen como recuerdos, y para cada uno se construye una imagen: el público ve cómo se arman las fotos, con las actrices moviendo luces y elementos escenográficos.

El público, adentro de la puesta

La propuesta es íntima, dice Aravinda, y las actrices se dirigen deliberadamente a quienes miran. Una de las hipótesis de trabajo fue la “foto hablante”: imágenes que le hablan al público. No es una obra participativa, aclara, pero sí una obra que le habla al público presente, algo que enlaza con una línea del teatro contemporáneo que se hace cargo de que hay alguien enfrente. Cecilia aporta un matiz: “A veces asusta cuando se dice esto de que ‘los incorporamos’”, porque hay quien no quiere participar. Se trata de ir buscando las miradas, y eso retroalimenta la interpretación.

Sobre las devoluciones, Aravinda piensa que en el teatro una hipótesis ensayada durante mucho tiempo “sólo va a cobrar certeza frente al público”. En este caso notaron que la obra conecta con zonas muy sensibles: la pregunta por cómo nos acompañamos y nos sostenemos en los momentos más vulnerables. Los personajes llegan a una edad de madurez, y la mirada sobre lo vivido es “más madura, más abierta y también más honesta”. Por eso se ocuparon de que la obra pueda contener la emoción que despierta.

Para Cecilia, esas devoluciones son la certeza de ir por buen camino. La intención es conmover sin que resulte “un bajón”, y lo que reciben es agradecimiento: “es desde un lugar muy amoroso”.

El acompañamiento, también detrás de escena

La obra habla de acompañarse, y el proceso que la hizo posible fue también un ejercicio de acompañamiento. Cecilia conoce a Virginia desde la licenciatura en Arte Dramático de la Universidad de Río Negro. A Aravinda la conocía como espectadora de sus producciones, y esa elección estética fue parte de la convocatoria. Hubo momentos “cuesta arriba”, cuando el proyecto se alargaba y llegaba la pregunta de hasta cuándo, pero también aprendizaje: “a cuidarnos y acompañarnos en las dificultades mismas de este proceso”. Hubo escucha profunda, con las diferencias de cada una, y la convivencia de los viajes a Puelo, Esquel y, ahora, Neuquén. Para Cecilia se trata de “aprender a encontrarse escuchándose desde un lugar mucho más profundo”, algo que considera necesario en estos tiempos.

Cuando le preguntamos si el acompañamiento es el eje de la obra, Cecilia responde que esa temática se trasladó al equipo y que fue y vino con lo que les pasaba. Aravinda lo explica desde la escritura: siempre intenta escuchar la obra, porque “tiene algo para decir y para decirnos a quienes estamos adentro del proceso”, y eso “inevitablemente se cuela en la vida”. En ese marco, el equipo se animó a prolongar los plazos, a pesar de la exigencia de producir: “la obra estaba pidiendo más tiempo”. No fue fácil sostener a la vez a la dramaturga y a la directora, reconoce, “ni para las actrices, ni para mí”. Pero el vínculo salió fortalecido, y con las últimas funciones siente que la obra “está en su punto justo”.

Brújula, una plataforma de investigación

Aravinda cuenta que la obra no nació dentro de Brújula, pero la compañía la absorbió por cuestiones logísticas y de producción, y porque ya adoptaba procedimientos que ella aplica allí: escribe las obras del grupo, y la escritura va siempre de la mano de la investigación escénica. Para ella, Brújula es “una plataforma de investigación”, y cada obra tiene su personalidad y su eje.

Con Virginia ya habían trabajado juntas en El Camino de MuM, un proyecto para infancias con producción audiovisual de Virginia. La compañía también tiene obras exclusivamente performáticas, sin texto, con una dramaturgia de los cuerpos, y en cada producción busca sumar una mirada distinta. En este caso fue la de Kevin, a quien convocaron porque, tras un proceso tan largo, “necesitábamos como un refresh en la mirada”. Su participación, aclara Cecilia, fue más puntual, porque no estaba en el ensayo cotidiano. De todas las obras del grupo, dice Aravinda, esta es la más performática: el público ve todo el tiempo cómo se construyen la imagen, los cambios, lo lumínico y lo sonoro.

¿Qué es lo peligroso de La Peligrosa?

“Imposible de develar. Si te contamos, pierde como el sentido”, dice Cecilia. Aravinda admite que el título es un gancho para que el público se haga la pregunta, y se permite un pequeño anticipo: una de las amigas “está lidiando con la peligrosa”, y ambas se sostienen mientras atraviesan eso. Cecilia agrega que es lo que las encuentra en el tiempo actual de la obra: “gracias a lo cual se reencuentran”.

La invitación

Para Cecilia, llegar al CAMBA es “un lujo”: siempre fueron como espectadoras y estar ahí “es un sueño”. Antes de la función van a visitar la sala para pensar otra disposición del espacio, con la prioridad de que cada persona con una silla vea bien toda la obra. Quienes son habitués del Camping se van a encontrar con una configuración distinta.

Aravinda quiere que la obra siga circulando y llegue a nuevos públicos. La invitación es a un momento “mágico y especial”: “La obra les va a abrazar, les va a contener”. Hay detrás, dice, una apuesta estética contundente y actrices que trabajan con un gran nivel de entrega.

 

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Ficha artístico-técnica

Actuación: Cecilia Planas y Virginia Salamida

Dramaturgia: Aravinda Juárez

Dirección: Aravinda Juárez y Kevin Orellanes

Vestuario: M. Carla Romero

Falda “Tornasol”: Lili Durzo

Asesoramiento lumínico: Michay Fernández y Verónica Lanza

Producción fotográfica: Kevin Orellanes

Duración: 45 minutos

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Venta anticipada a través de Passline:
https://www.passline.com/sitio-evento/lapeligrosa

Más información en www.camba.musica.ar